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La madrina Chela

    Chela Fernández, mujer de mirada profunda y ternura inexplicable, nos acercó su libro "Solo para niños" con poemas y cuentos para los pequeños.
Elegimos en uno:
                                           LA CASA VOLADORA

   Juan, a punto de perder su niñez, se despertó aquella mañana con la sensación de que la casa con todos sus muebles y su gente sería llevada por el viento. Se sintió muy cansado y cerró los ojos. Entonces la casa cobró vida y comenzó a ascender. Subía por el viento y Juan se deslizaba con gran riesgo, de una pared a otra como en un tobogán. Debía incorporarse cauteloso. Primero cerraría muy bien las aberturas. Los muebles se volcaban cabeza para abajo y todo amenazaba con salir disparado por la ventana abierta. También él daba vueltas con la casa. Rebotaba. Tan pronto descasando sobre el cielorraso o tendido en el piso.  Debía pensar rápido. En cuanto se dio cuenta de que las cortinas flotaban frente a él, trató de asirse a ellas tan fuerte como pudo, y así se aproximó para intentar cerrar, no sin esfuerzo, la temible abertura. Se incorporó de a poco ahora que las ráfagas estaban amainando, e incorporado ya, accionó la falleba, y alcanzó parcialmente su propósito. Faltaba todavía asegurar la puerta que seguía batiéndose con ritmo regular, mientras él patinaba sujeto por las telas igual que un aturdido péndulo de reloj. Entonces ocurrió lo que esperaba. Se enderezó la casa y pudo respirar algo tranquilo. podía desplazarse con soltura ahora, ya que la turbulencia había pasado, y se atrevió a mirra por la ventana. Apenas se dio crédito a aquello que veía. Su patio, su jardín, el huerto, las hamacas y la abuela tejiendo en su sillón. No supo cuanto tiempo había pasado contemplando el lugar donde creció.
   Después de mucho andar, ahora descendía. Se incorporó de pronto. De regreso del viaje, tardó en reconocer el hogar que fue suyo. El patio en abandono, el huerto envejecido, el jardín desolado. La casa estaba allí, pero la abuela no.
  Quizá imaginó que alguna vez fue niño y que volaba.




Alejandro



Juan Pablo



 
 Así los chicos le dieron forma y color a esa casa voladora, que por lo rico de los dibujos, podemos pensarlos impactados.
  Sumado al libro de la madrina Chela tuvimos la visita angelical de Ana Lépori.
  Es ella, ¿ alguien se anima a decir lo contrario?




 Gracias Anita por tus dibujos y compañía.




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